No creo en la poesía que me habla de flores y de pajaritos, ni en el esteticismo vacío, ni en las rimitas dulzonas e impertimentes.No me la creo. La firme quien la firme. Si el poema no deja una marca (herida, cicatriz, dolor, caricia, beso) que permanezca, secillamente no existe, está vacío, no es.
La habitación del extranjero es un poemario que se lo pone complicado al lector, Oscar Aguado se despoja de todo artificio, de toda suavidad y transforma el concepto de lirismo en una suerte de daño irreparable, de golpe de realidad, de ajuste de cuentas. Es una andanada de oscuridad pergeñada desde la razón del caminante, del extranjero entendido como el expulsado que se revuelve contra su condición y además la grita a los cuatro vientos. Y lo hace utilizando un arma complicadísima de manejar para un poeta tan brillante, la contención y la madurez.
Leyéndolo he pensado en Thoreau, en Drake, en Apollinaire, en Kerouac, en Tomas Espedal, en Nick Cave...
Éste libro demuestra que lo último que se pierde, más allá de la esperanza, es la belleza, y que la poesía es una resiliente.
Leedlo, y guardadlo con cariño porque en algún momento necesitaréis releerlo.
Álex Portero.