Reconozco que recomendar a Charles Dickens no es precisamente un riesgo por mi parte, cualquier comentario al respecto de su obra ha sido ya hecho en el pasado extensa y excelsamente. La razón por la que he decidido recomendar estos cuentos Para leer al anochecer es puramente personal, casi una frivolidad infantil.
¿Quién no ha contado historias de terror en la adolescencia durante alguna noche de verano? Desde que el hombre comenzó a hablar la última barrera que separaba lo físico de lo abstracto fue derribada, nació la tradición oral, al fin la imaginación pudo transferirse de unos individuos a otros, con seguridad podemos afirmar que la literatura tal y como la concemos -incluso la música- es herencia innegable del hecho de transmitir historias a través de la palabra hablada.
Lo que nos encontramos en ésta selección de cuentos de Dickens que la fantástica editorial Impedimenta (premio a la labor editorial 2008 y ya un clásico de las letras españolas) ha tenido el acierto de publicar, es un paseo por nuestras propias raíces literarias, nos devuelve las sensaciones que a muchos de nosotros nos hicieron lectores, la fantasía, el misterio, la simbología, y todo un universo entre lo inquietante y lo tierno, con el que nos recordamos a nosotros mismos las razones por las que en su día quedamos prendados por la literatura, nos reconcilia con el aspecto lúdico de la misma y juega amablemente con esa inocencia lectora que, en muchas ocasiones, echamos de menos.
Trece historias -entre ellas la mítica el guardavías- componen esta fabulosa reunión de relatos, muchas de ellas muy conocidas por los incondicionales del autor. Importante no perderse los dos últimos cuentos en los que el escritor se sirve magistralmente de todos los elementos literarios para sumergirnos una vez más en un universo tenebroso y aterrador, y acaba por parodiarse a sí mismo y a toda la tradición de los cuentos de terror con una maniobra literaria maravillosa.
La mayoría de estos cuentos fueron publicados en su día a través de la revista All the year round que el mismo Dickens dirigía -maravillosa costumbre, ya prácticamente perdida, de incluir literatura en los diarios- .
Poco más se puede decir, un último consejo, terminad pronto ese ensayo de 1500 páginas sobre la historia política del suroeste de Armenia, corred a vuestra librería de confianza para haceros con un ejemplar de Para leer al anochecer, parapetaos en casa -ahora que llueve y el clima ayuda a crear ambiente espectral-, arrebujaos bajo una manta y volved a sentiros niños de la mano de Charles Dickens y sus fantasmas.
Álex